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13-ene.-2026, martes de la 1.ª semana del T. O.

El poder de Jesús confirma la autoridad de su enseñanza. Él no pronuncia solo palabras, sino que actúa. Así manifiesta el proyecto de Dios

Feliz y radiante amanecer en este segundo día de nuestra semana y casi a mediados de nuestro primer mes del año te damos. Gracias, porque nos levantamos con ánimo y esperanzas renovadas, con deseos de seguir tu palabra y cumplir tu voluntad. 

Hemos iniciado este tiempo litúrgico con el comienzo de tu vida pública. El Evangelio hoy te muestra que tus enseñanzas las realizas con autoridad, de modo diferente al modo habitual de los rabinos.

Hoy en día entendemos autoridad como poder y capacidad de gobierno, porque Tú eres la persona que tiene la potestad de decidir y cambiar cosas. Asimismo, debemos entender que cuando se habla de la autoridad que ejerces, se trata más bien de “sabiduría”, de servicio, y de predicar con un mensaje que transforma.

Tú rompes esquemas y dejas sorprendidos a todos, porque eres capaz de “expulsar espíritus” –que no puede significar otra cosa que dar vida a quien no la tenía–, de liberar a las personas de las cadenas que las esclavizan, de dar voz y dignidad a quien carecía de ella, de ensalzar y de dignificar a las personas excluidas de la sociedad. Tu enseñanza nueva es que el camino de Dios, el camino del amor, es el camino de la transformación personal a través de nuestros hermanos.

Hoy también nos das una lección de poder comprender a los demás por medio de Ana y su súplica confiada al Padre celestial, a quien le concedes lo que ha pedido. Nuestra oración y súplica sea: “que tu sierva encuentre gracia a tus ojos”. 

Feliz y suplicante martes. 

PALABRA DEL PAPA

El poder de Jesús confirma la autoridad de su enseñanza. Él no pronuncia solo palabras, sino que actúa. Así manifiesta el proyecto de Dios con las palabras y con el poder de las obras. En el Evangelio, de hecho, vemos que Jesús, en su misión terrena, revela el amor de Dios tanto con la predicación como con innumerables gestos de atención y socorro a los enfermos, a los necesitados, a los niños, a los pecadores. Jesús es nuestro Maestro, poderoso en palabras y obras. Jesús nos comunica toda la luz que ilumina las calles, a veces oscuras, de nuestra existencia; nos comunica también la fuerza necesaria para superar las dificultades, las pruebas, las tentaciones. ¡Pensemos en la gran gracia que es para nosotros haber conocido a este Dios tan poderoso y bueno! Un maestro y un amigo, que nos indica el camino y nos cuida, especialmente cuando lo necesitamos. (Francisco - Ángelus, 28 de enero de 2018)

ORACIÓN 

Señor Jesucristo, Rey y Maestro, te damos gracias porque tu palabra tiene poder y autoridad. Te alabamos porque tu presencia es más fuerte que cualquier oscuridad o maldad.

Te pedimos, Señor, que tu autoridad se manifieste hoy en nuestras vidas. Expulsa de nuestro interior todo espíritu inmundo: la duda que nos paraliza, el miedo que nos ata, el orgullo que nos separa de Ti y de los demás.

Que tu enseñanza ilumine nuestra mente para que aprendamos a vivir con la verdad y la libertad que solo tú ofreces. Ayúdanos a ser testigos de tu poder liberador, para que, como los habitantes de Cafarnaúm, nos asombremos de ti y tu fama se extienda a través de nuestras vidas. Amén.

Reflexión del Evangelio por Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo.

El pasaje del Evangelio de hoy nos sitúa en la sinagoga de Cafarnaúm, donde Jesús empezó a enseñar. Lo que más impacta a la gente no es solo el contenido de lo que dice, sino cómo lo dice. E texto menciona que enseñaba con autoridad y no como los escribas.

En nuestra realidad moderna estamos llenos de información en las redes sociales por los influencers y personas que hablan mucho, pero dicen poco. Sin embargo, cuando alguien habla con la verdad y desde el corazón, se nota la diferencia. Jesús no repetía de memoria las leyes, sino que hacía las cosas, las ponía en práctica desde el corazón, su Palabra conectaba con la vida real de la gente. 

Necesitamos recordar que esa misma autoridad de Jesús está disponible para nosotros. No tenemos que luchar nuestras batallas solos ni intentar callar nuestros miedos con nuestras propias fuerzas. Si dejamos que Jesús sea quien tome el mando de nuestra vida, su palabra de poder empezará a limpiar esos rincones oscuros que tanto nos pesan. 

Al igual que en la sinagoga, su presencia en nuestros días puede traer esa libertad que tanto estamos buscando. Seguro que hay algún espíritu impuro o un pensamiento negativo que te puede estar robando la paz: miedo al futuro, algún problema económico, de salud o la falta de trabajo o estabilidad.

No dejes que ese pensamiento crezca. Haz un ejercicio de autoridad espiritual, cierra tus ojos por un momento y con mucha fe, di en voz alta o en tu mente: ‘en el nombre de Jesús expulso ese pensamiento de miedo, de angustia o de temor y dejo que el poder de Dios me dé la gracia para resolverlo. Señor, toma tú el control de mi mente. Amén’.  

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.