Despertamos a un nuevo día, nuevo amanecer y llenos de fe y esperanza, porque nos sentimos radiantes de vida y en sentimientos de amor. Seguimos confiando en tu presencia, en tu fortaleza y —ante todo— en tu palabra que nos orienta y guía para cumplir tu voluntad. Concédenos, Señor, compartir este día en amor y servicio, a ejemplo de tu discípulo Matías, que fue testigo de tu vida, de tu muerte y de tu gloriosa resurrección.
Hoy nos das la capacidad de poder amar no con sentimientos humanos, sino amar como verdaderamente se debe amar: con el corazón, con sentimientos generosos y no con amor interesado.
Que, siguiendo su ejemplo, seamos también testigos de tu vida, viviendo esa vida lo mejor que podamos e irradiando la alegría de discípulos que estamos renaciendo contigo a una vida nueva y más profunda.
Gracias, Señor, porque nos has elegido para amar, servir y llevar tu mensaje de esperanza y reconciliación. Enséñanos a amar como tú nos amas, porque en el cumplimiento de tus mandamientos permanecemos unidos a ti. Permítenos amar a nuestros hermanos para que juntos cumplamos tus mandatos y permanezcamos en ti. Amén.
Muy feliz, vocacional y amoroso jueves para todos.
Palabra del Papa
En el Cenáculo, Jesús resucitado, enviado por el Padre, comunicó su mismo Espíritu a los Apóstoles y con su fuerza los envió a renovar la faz de la tierra. Salir, marchar, no quiere decir olvidar. La Iglesia en salida guarda la memoria de lo que sucedió aquí; el Espíritu Paráclito le recuerda cada palabra, cada gesto, y le revela su sentido… El Cenáculo nos recuerda la amistad. «Ya no los llamo siervos —dijo Jesús a los Doce— … a ustedes los llamo amigos». El Señor nos hace sus amigos, nos confía la voluntad del Padre y se nos da Él mismo. Ésta es la experiencia más hermosa del cristiano, y especialmente del sacerdote: hacerse amigo del Señor Jesús, y descubrir en su corazón que Él es su amigo. (Homilía de S.S. Francisco, 26 de mayo de 2014).
