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14-may.-2026, jueves de la 6.ª semana de Pascua

Despertamos a un nuevo día, nuevo amanecer y llenos de fe y esperanza, porque nos sentimos radiantes de vida y en sentimientos de amor.

Despertamos a un nuevo día, nuevo amanecer y llenos de fe y esperanza, porque nos sentimos radiantes de vida y en sentimientos de amor. Seguimos confiando en tu presencia, en tu fortaleza y —ante todo— en tu palabra que nos orienta y guía para cumplir tu voluntad. Concédenos, Señor, compartir este día en amor y servicio, a ejemplo de tu discípulo Matías, que fue testigo de tu vida, de tu muerte y de tu gloriosa resurrección. 

Hoy nos das la capacidad de poder amar no con sentimientos humanos, sino amar como verdaderamente se debe amar: con el corazón, con sentimientos generosos y no con amor interesado. 

Que, siguiendo su ejemplo, seamos también testigos de tu vida, viviendo esa vida lo mejor que podamos e irradiando la alegría de discípulos que estamos renaciendo contigo a una vida nueva y más profunda. 

Gracias, Señor, porque nos has elegido para amar, servir y llevar tu mensaje de esperanza y reconciliación. Enséñanos a amar como tú nos amas, porque en el cumplimiento de tus mandamientos permanecemos unidos a ti. Permítenos amar a nuestros hermanos para que juntos cumplamos tus mandatos y permanezcamos en ti. Amén. 

Muy feliz, vocacional y amoroso jueves para todos. 

Palabra del Papa

En el Cenáculo, Jesús resucitado, enviado por el Padre, comunicó su mismo Espíritu a los Apóstoles y con su fuerza los envió a renovar la faz de la tierra. Salir, marchar, no quiere decir olvidar. La Iglesia en salida guarda la memoria de lo que sucedió aquí; el Espíritu Paráclito le recuerda cada palabra, cada gesto, y le revela su sentido… El Cenáculo nos recuerda la amistad. «Ya no los llamo siervos —dijo Jesús a los Doce— … a ustedes los llamo amigos». El Señor nos hace sus amigos, nos confía la voluntad del Padre y se nos da Él mismo. Ésta es la experiencia más hermosa del cristiano, y especialmente del sacerdote: hacerse amigo del Señor Jesús, y descubrir en su corazón que Él es su amigo. (Homilía de S.S. Francisco, 26 de mayo de 2014).

 

Ya no los llamo siervos —dijo Jesús a los Doce— … a ustedes los llamo amigos
ORACIÓN 

Señor, sabemos que todos los días no son iguales. Los hay nublos, los hay claros, los hay fríos, los hay calurosos. Lo mismo ocurre con tu palabra. La palabra de hoy es de día de fiesta, es de día de sol sin ocaso. Y el tema no puede ser otro que el tema del amor. Ya sabíamos que nos querías, pero no sabíamos que nos quisieras tanto. Nos llamas amigos, y nos dices que tu amor a nosotros llegó a tal extremo que fuiste capaz de dar la vida para expresar así mejor el amor que nos tenías. Gracias, Señor, por querernos tanto. Amén. 

Reflexión Evangeli.net

En el Evangelio del día, el Señor habla a los Apóstoles acerca de la alegría que han de tener: «Que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado» (Jn 15,11). En efecto, el cristiano, como Matías, vivirá feliz y con una serena alegría si asume los diversos acontecimientos de la vida desde la gracia de la filiación divina. De otro modo, acabaría dejándose llevar por falsos disgustos, por necias envidias o por prejuicios de cualquier tipo. La alegría y la paz son siempre frutos de la exuberancia de la entrega apostólica y de la lucha para llegar a ser santos. Es el resultado lógico y sobrenatural del amor a Dios y del espíritu de servicio al prójimo.

Romano Guardini escribía: «La fuente de la alegría se encuentra en lo más profundo del interior de la persona (...). Ahí reside Dios. Entonces, la alegría se dilata y nos hace luminosos. Y todo aquello que es bello es percibido con todo su resplandor». Cuando no estemos contentos hemos de saber rezar como santo Tomás Moro: «Dios mío, concédeme el sentido del humor para que saboree felicidad en la vida y pueda transmitirla a los otros». No olvidemos aquello que santa Teresa de Jesús también pedía: «Dios, líbrame de los santos con cara triste, ya que un santo triste es un triste santo».

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.