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15-dic.-2024, domingo de la 3.ª semana de Adviento

«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».

Alegrémonos en esta mañana en que podemos dar gracias por el don de la vida y la felicidad que nace para nosotros. Con demasiada frecuencia estamos o nos sentimos tristes. En este Tercer Domingo de Adviento nos hablas de alegría, de esperanza y confianza en Ti. Te sientes feliz por venir a nosotros: «Él danzará con gritos de alegría por ustedes, como en un día de festival».  Para Ti, Señor, estar con nosotros es una auténtica fiesta.  ¿Es una fiesta también para nosotros el estar contigo? 

Gracias por invitarnos a la alegría de tu venida y de tu presencia entre nosotros, porque has venido con tu paz, amor y tu perdón, no solamente en la fiesta de Navidad, sino en cada acontecimiento en nuestras vidas. 

Que tu alegría sea nuestra alegría, tu amor nuestro amor; que tu aceptación de nosotros nos lleve a acoger a nuestros hermanos. 

«Que no se perturben sus corazones. Ustedes están tristes ahora, pero los veré de nuevo y entonces sus corazones se colmarán de alegría. Nadie les arrebatará esa alegría». Gracias por ser nuestro consuelo y anhelo y ahora te pedimos, Señor, que al iniciar este caminar de nueve días, en el que revivimos tu nacimiento, dispongas nuestros corazones, para que llenos de esperanza y anhelos de un mañana pleno de amor, podamos exclamar: “Bienvenido, Señor, a nuestros corazones, nuestras familias y nuestra comunidad. Amén 

Un muy feliz y esperanzador inicio de novenas y un muy feliz y alegre Domingo de familia. 

NO OLVIDEMOS:  Juan:

«¿Entonces, qué debemos hacer?»

Él contestaba:

«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Esta declaración, este testimonio, revela el espíritu de servicio de Juan. Él fue enviado a preparar el camino al Mesías, y lo hizo sin ahorrar esfuerzos. Humanamente, se podría pensar que le será entregado un “premio”, un puesto relevante en la vida pública de Jesús. En cambio, no. Hermanos, hermanas, probemos a preguntarnos: ¿somos capaces de hacer sitio a los demás? ¿De escucharlos, de dejarlos libres, de no atarlos a nosotros pretendiendo gratitud? También, a veces, de dejarlos hablar. No decir: “¡Tú no sabes nada!”, sino dejar hablar, hacer sitio a los demás. ¿Atraemos a los demás hacia Jesús o hacia nosotros mismos? Y aún más, siguiendo el ejemplo de Juan: ¿sabemos alegrarnos de que las personas emprendan su propio camino y sigan su llamada, incluso si eso implica un poco de desapego respecto a nosotros? ¿Nos alegramos de sus logros, con sinceridad y sin envidia? Esto es dejar crecer a los demás. (Ángelus 15 de enero de 2023)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.