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17-oct.-sábado de la 28.ª semana del T. O.

Cuando Cristo ya no esté en la tierra, el Espíritu Santo los acompañará en los largos períodos de aflicción, que durarán siglos

Otro día en el que el clarear de la mañana viene a nosotros y se convierte en fuente de inspiración para lo que realizaremos durante esta jornada. En las lecturas de este día, Pablo en su carta no pide para a los Efesios nada material, sino un espíritu de sabiduría y una revelación para que conozcan plenamente a Dios Padre y su fuerza poderosa que se manifestó en tu resurrección. Eso es todo lo que necesitan para ser felices. Y eso es lo único que nosotros necesitamos hoy para ser felices. Hemos sido llamados a una esperanza y tenemos por herencia una gloria, pero son tantas las distracciones de este mundo que no disfrutamos de ello, y andamos pidiendo la felicidad a quien no nos la puede dar. Si en la primera lectura Pablo pedía el Espíritu para los Efesios, a fin de que conocieran a Dios y su acción poderosa, ahora Tú mismo dices a tus apóstoles, y hoy a nosotros, que no temamos cuando tengamos que dar testimonio porque el Espíritu pondrá en nuestras bocas las palabras oportunas.

Muchas veces, queramos o no queramos, tenemos que dar testimonio de Ti en nuestro entorno. A veces callamos por vergüenza, por cobardía, por no quedar mal, por comodidad. Eres claro al decirnos: «el que no se ponga de mi parte ante los hombres, que no cuente conmigo ante los ángeles de Dios». Nuestro caminar sea perfecto en este día y podamos compartir con nuestros hermanos lo que tú nos regalas: tu presencia y tu amor. Feliz y anhelado fin de semana. Nuestra Señora la Virgencita nos auxilie y nos proteja.

PALABRA DEL PAPA

El Consolador, el Espíritu Santo, estará con los Apóstoles. Cuando Cristo ya no esté en la tierra, el Espíritu Santo los acompañará en los largos períodos de aflicción, que durarán siglos (cf. Jn 16, 17 ss.). Por tanto, estará con la Iglesia y en la Iglesia, especialmente en las épocas de luchas y persecuciones, como Jesús mismo promete a los Apóstoles con aquellas palabras que refieren los evangelios sinópticos: «Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir» (Lc 12, 11-12; cf. Mc 13, 11); «No seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros» (Mt 10, 20). Esas palabras se pueden referir a las tribulaciones que sufrieron los Apóstoles y los cristianos de las comunidades fundadas y presididas por ellos; pero también a todos los que, en cualquier lugar de la tierra, en todos los siglos, tendrán que sufrir por Cristo. Y, en realidad, son muchos los que, en todos los tiempos, incluidos los recientes, han experimentado esta ayuda del Espíritu Santo. Ellos saben ―y pueden dar testimonio de ello― qué gozo produce la victoria espiritual que el Espíritu Santo les concedió alcanzar. Toda la Iglesia de hoy lo sabe y es testigo de ello.  (San Juan Pablo II - Audiencia general, 13 de marzo de 1991)

No seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros

ORACIÓN 

Jesús, Tú sabes bien lo fácil que me resulta dejarme intimidar por un entorno que rechaza tus enseñanzas. Te confieso que en ocasiones elijo el camino fácil del silencio para evitar conflictos en mi trabajo o entre mis amistades. Hoy decido revestirme con tu fuerza para dar testimonio de tu bondad en todas partes. Renueva mi confianza para que, sin importar los juicios de las personas, pueda mantener la cabeza en alto y reconocerte como mi único Salvador. Amén.

Reflexión 

Jesús es una persona ante la cual nadie puede quedar indiferente: O se le acepta o se le rechaza. Y esta decisión está cargada de gravedad: En Jesús nos jugamos la vida a una sola carta. Si opto por Jesús mi opción no es sólo de vida sino de vida eterna.  Lo mismo si lo rechazo. «El que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios». Blasfemar contra el Espíritu Santo es cerrarse al don de Dios, no querer recibir de Dios lo que Él nos quiere dar. ¿Y qué es el hombre sin Dios? Si lo que caracteriza al hombre es el soplo de Dios sobre el barro, si al hombre le quitamos ese soplo de vida se convierte en pura tierra. Y es imperdonable que el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, quiera vivir sin aire, sin suelo, sin sol, sin vida. En cambio, el que se deja conducir por el Espíritu Santo tiene en su corazón a su Maestro Interior, que le dice en cada momento lo que debe decir y lo que debe hacer. El Espíritu Santo es el gran don que nos dejó Jesús antes de morir.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.