Feliz amanecer, feliz inicio de semana, feliz inicio de nuestras labores cotidianas. Todo gracias a la bondad del Padre Celestial que nos llama nuevamente para cumplir su voluntad. Levantémonos con ánimo y optimismo con ilusiones y anhelos para que al final de la semana podamos seguir dando gracias por todo lo realizado pero que todo lo podamos hacer siguiendo tu Palabra. Cuando hablas abiertamente contra los ricos, no intentas condenarlos, sino liberarlos; lo que denuncias no es el hecho de que tengan bienes materiales, sino su propio apego excesivo a ellos y el uso egoísta que hacen de sus riquezas: para acumular y atesorar, para disfrute y placer egoísta o, como algunos hacen, almacenando o ambicionando. El valor de las posesiones es relativo para los bienes del Reino, como son la justicia y el amor. Lo que cuenta realmente es ser rico y sabio ante Dios. Danos la gracia en esta semana de acumular tesoros no para la tierra sino para el cielo haciendo el bien hablando bien y pensando bien de nuestros hermanos que todo lo que podamos realizar desinteresadamente y que todo sea bendecido por Ti. Gracias, señor, por hacernos generosos de corazón y no tacaños materialmente; por darnos la disponibilidad de poder ser generosos hacia nuestros hermanos en el servicio en el amor en la entrega.
Muchos santos han sido generosos, y desprendidos en todo sentido desprendidos de los bienes materiales y arraigados. En los bienes celestiales. Danos la gracia de imitarlos en su servicio, entrega y disponibilidad, pero ante todo en generosidad.
Un muy feliz y santo inicio de semana, bendecidos por tu presencia y protegidos en el amor de Nuestra Madre Santísima.
PALABRA DEL PAPA
La plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, como hemos escuchado en el Evangelio (cf. Lc 12, 13-21); más bien, está unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegría (cf. Mt 10, 8-10; Jn 6, 1-13). Comprar, acumular, consumir no es suficiente. Necesitamos alzar los ojos, mirar a lo alto, a las «cosas celestiales» (Col 3, 2), para darnos cuenta de que todo tiene sentido, entre las realidades del mundo, solo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad, haciendo crecer en nosotros “sentimientos de profunda compasión, de benevolencia, de humildad, de dulzura, de paciencia” (cf. Col 3,12), de perdón (cf. ibíd., v. 13) y de paz (cf. Jn 14,27), como los de Cristo (cf. Flp 2,5). Y en este horizonte comprenderemos cada vez mejor lo que significa que «la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rm 5,5). (León XIV, Homilía en la Santa Misa con motivo del Jubileo de la Juventud, 3 de agosto de 2025)
