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19-oct.-lunes de la 29.ª semana del T. O.

La plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos [...]; más bien, está unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegría

Feliz amanecer, feliz inicio de semana, feliz inicio de nuestras labores cotidianas. Todo gracias a la bondad del Padre Celestial que nos llama nuevamente para cumplir su voluntad. Levantémonos con ánimo y optimismo con ilusiones y anhelos para que al final de la semana podamos seguir dando gracias por todo lo realizado pero que todo lo podamos hacer siguiendo tu Palabra. Cuando hablas abiertamente contra los ricos, no intentas condenarlos, sino liberarlos; lo que denuncias no es el hecho de que tengan bienes materiales, sino su propio apego excesivo a ellos y el uso egoísta que hacen de sus riquezas: para acumular y atesorar, para disfrute y placer egoísta o, como algunos hacen, almacenando o ambicionando. El valor de las posesiones es relativo para los bienes del Reino, como son la justicia y el amor. Lo que cuenta realmente es ser rico y sabio ante Dios. Danos la gracia en esta semana de acumular tesoros no para la tierra sino para el cielo haciendo el bien hablando bien y pensando bien de nuestros hermanos que todo lo que podamos realizar desinteresadamente y que todo sea bendecido por Ti. Gracias, señor, por hacernos generosos de corazón y no tacaños materialmente; por darnos la disponibilidad de poder ser generosos hacia nuestros hermanos en el servicio en el amor en la entrega. 

Muchos santos han sido generosos, y desprendidos en todo sentido desprendidos de los bienes materiales y arraigados. En los bienes celestiales. Danos la gracia de imitarlos en su servicio, entrega y disponibilidad, pero ante todo en generosidad. 

Un muy feliz y santo inicio de semana, bendecidos por tu presencia y protegidos en el amor de Nuestra Madre Santísima. 

PALABRA DEL PAPA

La plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, como hemos escuchado en el Evangelio (cf. Lc 12, 13-21); más bien, está unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegría (cf. Mt 10, 8-10; Jn 6, 1-13). Comprar, acumular, consumir no es suficiente. Necesitamos alzar los ojos, mirar a lo alto, a las «cosas celestiales» (Col 3, 2), para darnos cuenta de que todo tiene sentido, entre las realidades del mundo, solo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad, haciendo crecer en nosotros “sentimientos de profunda compasión, de benevolencia, de humildad, de dulzura, de paciencia” (cf. Col 3,12), de perdón (cf. ibíd., v. 13) y de paz (cf. Jn 14,27), como los de Cristo (cf. Flp 2,5). Y en este horizonte comprenderemos cada vez mejor lo que significa que «la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rm 5,5). (León XIV, Homilía en la Santa Misa con motivo del Jubileo de la Juventud, 3 de agosto de 2025)

todo tiene sentido [...] solo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad
ORACIÓN 

Señor, he dado un vistazo al evangelio del día y me ha dado vértigo. Me he quedado con esta sola palabra: ¡Necio! Yo no quiero ser necio, sino cuerdo; quiero aprovechar esta vida que Tú me has dado como un regalo tuyo. Quiero poner mi corazón en lo que no perece, en lo que es eterno. Señor, líbrame del apego al dinero y dame la gracia de poner mi corazón en Ti y sólo en Ti.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-19-de-octubre-de-2026

Comenzamos con unas palabras de Pablo: «En Cristo hemos sido enriquecidos con toda clase de bienes» (Ef. 1, 3). Desde este momento, la división entre ricos y pobres ya no se hace por razón del dinero, sino por relación a Jesucristo. Son ricos los que poseen a Cristo y pobres los que no lo poseen. La parábola de Jesús nos habla de la pobreza de un hombre rico, que ha acumulado muchos bienes y no sabe qué hacer con ellos. Si nos fijamos bien, es un hombre que está solo, y sólo habla consigo mismo: ¿Qué haré?… edificaré… diré a mi alma… ¿Qué tipo de persona es ésta que no tiene relación con nadie? ¿Qué tipo de hombre es éste que sólo sabe hablar consigo mismo? Si la esencia de la persona es el ser sociable, el relacionarse con los demás, el participar con los otros…, he ahí un hombre que no es hombre. La riqueza lo ha anulado, lo ha deshumanizado, lo ha despersonalizado. El propio evangelio le llama ¡Necio! Y eso que sólo hablamos de este mundo. ¿Y su futuro? Lo tiene muy negro. En cambio, el que se ha enriquecido con la riqueza de Dios, que es Jesucristo, será feliz ya aquí en este mundo y después por toda la eternidad.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.