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18-oct.-domingo de la 29.ª semana del T. O.

La misión de la Iglesia es hablar de Dios, hacer memoria de su soberanía, recordar a todos [...] el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra vida.

Amanecer gratuito y bella mañana en este día dedicado a ti. Despertamos para contemplar la claridad de un nuevo día en el que nos regalas tu amor, tu bondad, tu misericordia y el don de la sabiduría y de la inteligencia para comprender tu palabra. 

Hoy tomamos la acción de gracias de san Pablo dirigida a Dios. No habla primero de resultados ni de éxitos pastorales. Habla de tres actitudes que sostienen toda nuestra existencia cristiana: la fe que confía, el amor que se entrega y la esperanza que persevera. Esté tiempo nos empuja con facilidad hacia el desánimo. Nos acostumbramos a mirar el mundo o nuestra propia vida desde lo que falta. Pablo propone otro punto de partida: la gratitud. Solo quien agradece descubre que Dios sigue actuando. Y añade una afirmación preciosa: «Él os ha elegido». Antes de cualquier respuesta nuestra, tienes una iniciativa con cada uno de nosotros. Nuestra vocación cristiana no consiste primero en hacer muchas cosas para Ti, sino en llegar a ser la persona que quieres en nosotros. Con el tiempo que queremos dedicarte a ti también podemos reflexionar con mucha calma y paciencia tu iniciativa que hoy nos enriquece y nos muestras el camino que hemos de seguir. 

Partimos desde tu palabra: «al César, lo que es del César y a Dios lo que es De Dios». Nuestro interrogante está en estas palabras: «¿es lícito pagar impuesto al César o no?» El verdadero interrogante no es cuánto damos al César. La pregunta realmente incómoda es otra: ¿estamos dando a Dios lo que le pertenece? Le pertenecen nuestra libertad, nuestra conciencia, nuestra dignidad y nuestra vocación más profunda. Cuando olvidamos esto, cualquier realidad humana corre el riesgo de convertirse en un absoluto.

Señor, cuando te hacen la pregunta, pides la moneda del tributo con la efigie del César y respondes: la moneda hay que dársela al emperador; ¿por qué? Porque es el dinero, y el dinero es lo más sucio de este mundo. Los que acuñan moneda tienen poder y por el dinero se dominan muchas cosas, incluso a los hombres. Entonces, ¿hay que someterse a él? ¡Noooo! Por eso añades con una intencionalidad manifiesta: «y a Dios lo que es de Dios». El dinero no es de Dios, sino que de Dios somos nosotros mismos, y por lo mismo nosotros solamente debemos estar sometidos a Dios. San Agustín, afirmaba: «El César busca su imagen, dádsela. Dios busca la suya: devolvédsela. No pierda el César su moneda por vosotros; no pierda Dios la suya en vosotros» (Com. Ps 57,11). La trampa la resuelves no solamente con inteligencia, sino con tu sabiduría donde salta por los aires la legalidad con la que pretenden acusarte en su caso. Tu respuesta no es evasiva, sino profética; porque a trampas legales no valen más que respuestas proféticas. El tributo de hacienda es socialmente necesario; el corazón, no obstante, lleva la imagen de Dios donde el hombre recobra toda su dignidad, aunque pierda el “dinero” o la imagen del césar de turno que no valen nada. Ayúdanos, señor, a comprender tu pensamiento que es divino ante el pensamiento humano. Amén. 

Un muy feliz y descansado domingo para hacer la voluntad del Padre, pensando que a Dios le damos lo que es de Dios: nuestro corazón, nuestra solidaridad, nuestro amor y tu servicio. 

LAS PALABRAS DE LOS PAPAS

Jesús responde con un sorprendente realismo político, vinculado al teocentrismo de la tradición profética. El tributo al César se debe pagar, porque la imagen de la moneda es suya; pero el hombre, todo hombre, lleva en sí mismo otra imagen, la de Dios y, por tanto, a él, y sólo a él, cada uno debe su existencia. Los Padres de la Iglesia, basándose en el hecho de que Jesús se refiere a la imagen del emperador impresa en la moneda del tributo, interpretaron este paso a la luz del concepto fundamental de hombre imagen de Dios, contenido en el primer capítulo del libro del Génesis. (…) Esta palabra de Jesús es rica en contenido antropológico, y no se la puede reducir únicamente al ámbito político. La Iglesia, por tanto, no se limita a recordar a los hombres la justa distinción entre la esfera de autoridad del César y la de Dios, entre el ámbito político y el religioso. La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, hacer memoria de su soberanía, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su identidad, el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra vida. (Benedicto XVI, Homilía en la Santa Misa por la Nueva Evangelización, 16 de octubre de 2011)

el hombre lleva en sí mismo otra imagen, la de Dios y, por tanto, a él, y sólo a él, cada uno debe su existencia.
ORACIÓN 

Señor Jesús, hoy vengo ante Ti con el deseo sincero de entregarte todo lo que soy y todo lo que tengo. Hoy, quiero pedirte perdón por no reconocerte como el único dueño de mi vida. Hoy quiero devolverte lo que te pertenece: mi voluntad, mis sueños y mi corazón entero. Límpiame de cualquier ambición desordenada y ayúdame a utilizar los recursos materiales como herramientas para hacer el bien, sin permitir jamás que el dinero gobierne mi vida. Amén.

REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-29-tiempo-ordinario-18-de-octubre-de-2026 

1.– El único Dios de todos los pueblos

Lo reconocen hasta los enemigos, los que van a poner una trampa a Jesús: “No miras lo que la gente sea”. La mirada del hombre se centra en las apariencias, en la religión que practica o en el grupo social al que pertenece. A Jesús no le importa si uno es romano o judío; si es herodiano o fariseo. La mirada de Jesús es más profunda: descubre que toda persona humana está hecha a imagen y semejanza de Dios. Ese es su documento de identidad, su ADN más profundo. Cuando unos misioneros dejan su patria, su familia, sus amigos, no van como una ONG. Van a ayudar a aquellas gentes a que descubran su dignidad, esa imagen de Dios escondida en su corazón. Y, a partir de ahí, a ofrecerles lo mejor que llevan en su corazón:  la fe en Jesucristo, la Imagen perfecta de Dios.

2.– “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

La pregunta de “si es lícito pagar al César o no” no es una pregunta inocente, es una trampa y está llena de malicia. Si decía que no había que pagar el tributo al César, se declaraba en contra de Roma, y por lo tanto los herodianos lo podían acusar de subversivo. Si contestaba que sí, los fariseos podían acusarlo de contrario al judaísmo, porque se ponía en contra del sentir religioso del pueblo, que estaba convencido de que el único señor era Dios y que ningún judío podía aceptar otro soberano. La respuesta inteligente de Jesús les descoloca. En la moneda pedida por Jesús se veía la inscripción: «Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto». Lo que se cuestiona es, si un judío tiene que aceptar la soberanía de una nación extranjera o seguir teniendo a Dios como único soberano. Jesús les desenmascara su hipocresía al aceptar en la práctica, en los asuntos económicos, en sus propios bolsillos, un Dios que no es el suyo. ¡Por favor! Devolved al César lo que es suyo: su imagen, su divinidad. Y vosotros, “dad a Dios, vuestro Dios, lo que le pertenece”.

3.– La gran pregunta: ¿De quién es esa imagen? 

Dios a cada uno de nosotros nos ha dado una imagen bonita, transparente, delicada, armoniosa. Es la misma imagen de Dios, pero no pintada o esculpida, sino reflejada. Para que Dios se refleje, tiene que estar ahí. ¿Qué hemos hecho de esa imagen? Con nuestro comportamiento, ¿revelamos o velamos el rostro de Dios? ¿Lo manifestamos o lo ocultamos? En estos tiempos de crisis de fe se nos invita a salir. Todos debemos ser misioneros. Pero ¿a salir de dónde? Porque los discípulos salieron del Cenáculo, enardecidos por el fuego del Espíritu. Su corazón “ardía por dentro”. Por eso sus palabras eran ardientes, entusiastas, quemantes. Se ha dicho que los tiempos de crisis, son los mejores para la verdadera fe. También había crisis en tiempos de Santa Teresa. “Está ardiendo el mundo”. ¿Qué hacer? Y contesta la Santa: “Voy a llenar eso poquito que hay en mí”. Llenemos de fe y amor lo poco que somos y pronto el mundo lo notará. “A la crisis de Dios, sólo se responderá con la pasión por Dios (J. B. Metz).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.