En este maravilloso amanecer que nace para nosotros, nuestro corazón se eleva a Ti y da gracias por el don de la vida y un nuevo despertar.
Señor, muchos de nosotros nunca disfrutamos tanto como ahora del bienestar y la vida, y por eso nos hemos vuelto engreídos y satisfechos de nosotros mismos, muchas veces felices en nuestro pequeño mundo egoísta. Haz que nuestros oídos permanezcan abiertos a tu palabra y nuestros corazones abiertos a ti y también a nuestros hermanos. No permitas que en nuestra situación de bienestar nos olvidemos de ti y de los demás o que pongamos nuestra esperanza solo en nosotros mismos. Danos la inquietud de buscarte a Ti en todo momento. Tú sabes lo que hay en nosotros, en nuestro corazón, y dónde está nuestro tesoro.
Danos fe no en nosotros mismos o en lo que nuestras manos han hecho, sino en lo que podemos construir contigo, para que todo lo que somos y hacemos sea un don que procede de tu generosa bondad y misericordia y fruto de nuestro trabajo. Gracias, Señor, por las palabras que hoy nos regala Jeremías y que nos ayudan a saber descubrir tu presencia en nuestros “hermanos Lazaros”, que encontraremos en nuestro diario vivir: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua». Bendícenos, guárdanos y protégenos y danos la gracia de tu amor. Nuestra Madre Santísima nos acompañe y sea nuestro auxilio. Amén.
Un muy feliz y bendecido jueves.
Meditación del Papa Francisco
No se dice que el rico epulón fuera malvado, al contrario, tal vez era un hombre religioso, a su manera. Rezaba, quizás, alguna oración y dos o tres veces al año seguramente iba al Templo a hacer sacrificios y daba grandes ofrendas a los sacerdotes, y ellos con aquella pusilanimidad clerical se lo agradecían y le hacían sentarse en el lugar de honor. Pero no se daba cuenta de que a su puerta estaba un pobre mendigo, Lázaro, hambriento, lleno de llagas, símbolo de tanta necesidad que tenía.
El hombre rico tal vez el vehículo con el que salía de casa tenía los cristales polarizados para no ver fuera... tal vez, pero no sé... Pero seguramente, sí, su alma, los ojos de su alma estaban oscurecidos para no ver. Solo veía dentro de su vida, y no se daba cuenta de lo que había sucedido a este hombre, que no era malo: estaba enfermo. Enfermo de mundanidad. Y la mundanidad transforma las almas, hace perder la conciencia de la realidad: viven en un mundo artificial, hecho por ellos... La mundanidad anestesia el alma. Y por eso, este hombre mundano no era capaz de ver la realidad.
Muchas personas que llevan la vida de modo difícil; pero si tengo el corazón mundano, nunca entenderé eso. Con el corazón mundano no se puede entender la necesidad y lo que hace falta a los demás. Con el corazón mundano se puede ir a la iglesia, se puede rezar, se pueden hacer tantas cosas. Pero Jesús, en la Última Cena, en la oración al Padre, ¿qué ha rezado? 'Pero, por favor, Padre, custodia a estos discípulos para que no caigan en el mundo, que no caigan en la mundanidad'. Es un pecado sutil, es más que un pecado: es un estado pecador del alma. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 5 de marzo de 2015, en Santa Marta).
Oración introductoria
Señor, ayúdame a ser consciente de que estás siempre a mi lado, de que cada oración es un nuevo encuentro contigo, mi Mejor Amigo. Señor, Tú sabes que soy débil y que muchas veces me olvido de ti, buscando mi satisfacción en las cosas de este mundo. Sabes que suelo pensar en mí mismo, en mis planes, en mis gustos, en mi voluntad. Por eso, te pido, Señor, que cambies mi corazón de piedra en uno de carne y hueso, para así cumplir mi misión de ser sal de la tierra y luz del mundo. Te ofrezco, Señor, esta meditación por los más necesitados y oprimidos, y por los que viven lejos de tu amor.
Diálogo con Cristo
Jesús, Tú me conoces bien. Dame fuerzas y una mirada espiritual para descubrirte en mis familiares, en mi vecino, en mi colega de trabajo, en todas las personas que me rodean; tanto con las que me llevo bien, como con las que me caen pesado. Que te vea tanto en el mendigo como en mi patrón, y que pueda transmitirte a ellos. Que mi gran ilusión sea servir y ayudar a mi hermano en todas sus necesidades que me sea posible, para hacer su yugo más leve.
"Tómate tiempo para hacer caridad, es la puerta del cielo". (Madre Teresa de Calcuta)
MEDITACIÓN
El rico y Lázaro no son personas yuxtapuestas, sino interrelacionadas, vinculadas. Uno es pobre porque el otro es rico y viceversa. Y la pobreza no es algo ambiguo: el pobre tiene nombre, está cercano y es visible al rico. Éste es el único caso en que el personaje de una parábola es designado con nombre propio. Además, lo lleva el pobre, que suele ser anónimo en la historia; en cambio, el rico (que debía tener apellido prestigioso) no tiene nombre en la parábola. Prueba de la sorpresa que esto produce en los lectores del evangelio es la curiosa costumbre de poner nombre al rico: Epulón, que simplemente quiere decir “comilón”. También se le llama Dives, que no es sino la palabra “rico” en latín. Ocurre que, leída la historia de estos dos hombres desde la perspectiva del reino, se produce una inversión: aquellos que socialmente son los más importantes son anónimos ante Dios; y quienes son considerados insignificantes y sin nombre son los que tienen valor para Dios.
PROPÓSITO
Examinaré si estoy apegado, como el rico, a las cosas materiales, o quizá a mi opinión o prestigio… Le pediré al Señor que me enseñe a vivir desprendido y sólo para Él.
Agradeceré la vocación que me ha regalado para servir a los hermanos e Interiorizare esta parábola. ¿Qué actitud voy a tener con los que necesitan algo o están pasando necesidades? ¿Qué puedo hacer por ellos?