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22-dic.-2024, domingo de la 4.ª semana de Adviento

Los sabios de oriente, intérpretes de la esperanza

Nuestra Madre hizo posible el «Aquí estoy, vengo para hacer tu voluntad»

Alegre mañana en este nuevo despertar que nos regalas, Señor, para vivirlo en plenitud de alegría, de felicidad y actitud de esperanza, porque nos acercamos al momento en que revivimos tu presencia en medio de nosotros. Nuestro corazón se dispone a recibirte, para que estés dentro de nosotros y a vivir la plenitud de tu amor. Es el ejemplo que recibimos de Nuestra Madre Santísima. Una frase sencilla suya, un humilde «Sí», cambió nuestras vidas. Con la canción popular preguntaremos: “¿Quién será la mujer…?”  Ella es María.  Su «SÍ» al Padre, su «Heme aquí», dio a Ella y a nosotros tu presencia. Nuestra Madre hizo posible el «Aquí estoy, vengo para hacer tu voluntad». El «SÍ» de María y el tuyo nos llaman a nosotros hoy a dar nuestro «SÍ» incondicional. Hoy te pedimos que podamos unirnos a Ti y a María en su «SÍ». 

Nos acercamos a la Navidad y nos sentimos ya llenos de gozo. Que nuestra alegría no sea superficial, sino profunda, que proceda de decir siempre «SÍ» al Padre celestial y a Ti, a tus planes, a tu amor, y también de darnos a nosotros mismos con amor a todos los que nos rodean.

Otórganos esa alegría y bendícenos en fe y esperanza, para que anhelemos tu venida y sea el inicio de una semana plena de alegría, de gozo y felicidad porque vienes a nosotros y permanecerás en nuestras vidas. Amén. 

Un muy esperanzador y expectante domingo. 

“De oriente hacia Belén, caminan los intérpretes de la estrella, 
pues han descubierto en su brillo que el rey de los siglos llega, 
sus ojos contemplan la estrella que existe antes que el sol. 
Ella les guía sus pasos y ellos ofrecen su don”.

 

PALABRAS DEL SANTO PADRE

En el último tramo del camino del Adviento dejémonos guiar por estos dos verbos. Levantarse y caminar con prontitud: son los dos movimientos que María hizo y que nos invita también a nosotros a hacer en vista de la Navidad. En primer lugar, alzarse. Después del anuncio del ángel, para la Virgen se perfilaba un periodo difícil: su embarazo inesperado la exponía a incomprensiones y también a penas severas, incluso a la lapidación, en la cultura de aquella época. ¡Imaginemos cuántos pensamientos y turbaciones tenía! Sin embargo, no se desanima, no se desespera, sino que se levanta. No mira hacia abajo, hacia los problemas, sino a lo alto, hacia Dios. Y no piensa a quién pedir ayuda, sino a quién ayudar. Siempre piensa en los demás: así es María, pensando siempre en las necesidades de los demás. (…) El segundo movimiento es caminar con prontitud. (…) Yendo hacia la casa de Isabel, María procede con el paso rápido de quien tiene el corazón y la vida llenos de Dios, llenos de su alegría. (…) No nos olvidemos de que el primer acto de caridad que podemos hacer al prójimo es ofrecerle un rostro sereno y sonriente. Es llevarles la alegría de Jesús, como hizo María con Isabel. ¡La Madre de Dios nos tome de la mano, nos ayude a levantarnos y caminar con prontitud hacia la Navidad! (Ángelus, 19 de diciembre de 2021)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.