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22-ene.-2025, miércoles de la 2.ª semana del T. O.

He aquí la tarea de la Iglesia. Ayudar a los enfermos, no quedarse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; esta es la tarea

Hoy nuestro corazón agradecido se llena de sentimientos de felicidad por este nuevo día que nos regalas y que sabemos que podemos compartirlo con nuestros hermanos. 

Gracias, Señor, por estar a nuestro lado y mostrarnos la luz que nos ha de iluminar durante esta jornada. Tú nos has elegido para construir y ser parte de tu reino de paz y de amor. Pero tenemos que reconocer que todavía nos queda mucho camino para crecer en lo que esperas de nosotros. Danos sentimientos de fraternidad y solidaridad, de servicio y entrega de disponibilidad y generosidad para que, cumpliendo tu voluntad, nos amemos con verdaderos sentimientos nacidos en el corazón. 

Haz nuestro amor más rico, cálido y sensible; completa el trabajo que has comenzado en nosotros para que tengamos un lugar permanente en tu corazón y reflejemos tu bondad curativa. Permite que nos acerquemos a nuestros hermanos en soledad y tristeza y les llevemos consuelo y esperanza. Bendícenos y que Nuestra Madre, la Virgencita, nos auxilie. Amén. 

Un muy feliz, bendecido y fructífero miércoles 

PALABRAS DEL SANTO PADRE

En los Evangelios, muchas páginas relatan los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso por curarlos. Él se presenta públicamente como alguien que lucha contra la enfermedad y que vino para sanar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. (…) Y cuando un padre o una madre, o incluso sencillamente personas amigas le llevaban un enfermo para que lo tocase y lo curase, no se entretenía con otras cosas; la curación estaba antes que la ley, incluso una tan sagrada como el descanso del sábado (cf. Mc 3, 1-6). Los doctores de la ley regañaban a Jesús porque curaba el sábado, hacía el bien en sábado. Pero el amor de Jesús era dar la salud, hacer el bien: y esto va siempre en primer lugar.

Jesús manda a los discípulos a realizar su misma obra y les da el poder de curar, o sea de acercarse a los enfermos y hacerse cargo de ellos completamente (…) He aquí la tarea de la Iglesia. Ayudar a los enfermos, no quedarse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; esta es la tarea.

La Iglesia invita a la oración continua por los propios seres queridos afectados por el mal. La oración por los enfermos no debe faltar nunca. Es más, debemos rezar aún más, tanto personalmente como en comunidad.  (Audiencia general, 10 de junio de 2015)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.