Por tu bondad y generosidad recibimos este nuevo día que nace en nuestras vidas y nos hace exclamar con alegría: ¡gracias!
Hoy nos das una verdadera y misericordiosa lección de cómo es el perdón y la reconciliación. Nos invitas a tener las actitudes del Padre misericordioso y a confiar en Ti, que siempre nos llamas al buen camino y a volver a la casa paterna.
El centro de la parábola es el Padre, que vio al hijo menor “cuando estaba todavía lejos”. El Padre no nos espera sentado: sale al encuentro, se anticipa, nos busca, como Buen pastor; sale en busca del hijo menor, cuando está aún lejos, y del mayor, que estando en casa se aleja en su corazón por su falta de misericordia. Bella lección de humildad. Nos muestras que tu Padre es bondadoso, siempre fiel: Un Dios de gracia, misericordia y perdón.
Perdónanos porque hoy las palabras “misericordia y perdón” suenan como actitudes paternalistas. Haz, Señor, que sepamos confrontarnos a nosotros mismos y a ser hombres y mujeres nuevos, responsables de nuestro propio destino y también de la felicidad de nuestros hermanos. Danos la gracia de corresponder al amor de nuestro Padre celestial y tener fuerza para ser misericordiosos como él; que podamos construir y acoger en lugar que rechazar y condenar, porque nosotros también necesitamos tu perdón.
Danos la fuerza de voluntad, para levantarnos y exclamar como el hijo pródigo: “Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Nuestros sentimientos sean de pedir perdón y de saber perdonar y acoger en vez de rechazar como el hermano mayor. Que nuestro fin de semana sea lleno de unidad, ternura, bondad y misericordia. Amén.
Feliz y santo fin de semana. Nuestra Madre nos guarde en su santo regazo.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Dios perdona siempre, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, pero Él perdona siempre. Nos dice que Dios es Padre, que no solo acoge de nuevo, sino que se alegra y hace fiesta por su hijo, que ha vuelto a casa después de haber derrochado todos sus bienes. Nosotros somos ese hijo, y conmueve pensar en cuánto nos ama y espera siempre el Padre. Pero en la misma parábola está también el hijo mayor, que entra en crisis frente a este Padre. Y que puede ponernos en crisis también a nosotros. De hecho, dentro de nosotros está también este hijo mayor y, al menos en parte, tenemos la tentación de darle la razón (…) Quien tiene un corazón sintonizado con Dios, cuando ve el arrepentimiento de una persona, por graves que hayan sido sus errores, se alegra. No se queda quieto sobre los errores, no señala con el dedo el mal, sino que se alegra por el bien, ¡porque el bien del otro es también el mío! Y nosotros, ¿sabemos ver a los otros así? (Ángelus, 27 de marzo de 2022)