Van pasando los días y las semanas y tu amor bondadoso y gratuito es constante. Nos regalas días de felicidad, días que a veces sentimos que pasan rápidos y días lentos, pero en todos estás tú, con tu presencia amorosa y tus manos tendidas para ayudarnos y guiarnos.
Con tu Palabra nos invitas a no desfallecer en nuestro camino de entrega y de servicio y a tener paciencia. Hoy nos regalas dos frases: «Yo soy el que Soy», «Dios con nosotros». Gracias por mostrarnos a un Padre que «Ve, oye, escucha, conoce nuestras debilidades y sufrimientos», que no es lejano y que libera y ofrece un camino de verdadera libertad para vivir en otra tierra donde podemos ser nosotros mismos, sin ningún signo de esclavitud.
Gracias porque Tú mismo eres “compasivo y misericordioso” y nos acompañas en este nuevo éxodo de la vida. San Pablo nos invita a caminar por ese camino que nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos (ayuno), con tu verdad (oración) y con nuestros hermanos (limosna), y nos conduces a la verdadera tierra que “mana leche y miel”, signos de lo que el Padre quiere para nosotros. Queremos ser “higueras” plantadas en la tierra que mana leche y miel, y que tengas la suficiente “paciencia” para que demos los frutos que Tú y el Padre celestial quieren de nosotros. “Abónanos” con la esperanza y riéganos con el agua de la fe, para que totalmente convertidos vivamos la felicidad y la seguridad de estar siempre a tu lado. Bendícenos abundantemente. Amén.
Fructífero y bendecido domingo para todos.
Meditación del papa Francisco
No es fácil entender este comportamiento de la misericordia, porque estamos acostumbrados a juzgar: no somos personas que dan espontáneamente un poco de espacio a la comprensión y también a la misericordia. Para ser misericordiosos son necesarias dos actitudes. La primera es el conocimiento de sí mismos: saber que hemos hecho muchas cosas malas: ¡somos pecadores! Y frente al arrepentimiento, la justicia de Dios... se transforma en misericordia y perdón. Pero es necesario avergonzarse de los pecados.
Es verdad, ninguno de nosotros ha matado a nadie, pero hay muchas cosas pequeñas, muchos pecados cotidianos, de todos los días… Y cuando uno piensa: "¡Pero qué corazón tan pequeño: ¡He hecho esto contra el Señor!" ¡Y se avergüenza! Avergonzarse ante Dios y esta vergüenza es una gracia: es la gracia de ser pecadores. "Soy pecador y me avergüenzo ante Ti y te pido perdón". Es sencillo, pero es tan difícil decir: "He pecado". (Cf. S.S. Francisco, 17 de marzo de 2014, homilía en Santa Marta).