Bendecido día el que nos regalas, Señor, para proclamar tus maravillas y hacer que nuestra vida se llene de alegría y felicidad, de entrega y disponibilidad, porque nos regalas el ejemplo de Santiago, uno de los apóstoles, hermano de Juan, elegido para ser testigo de: la curación de la suegra de Pedro, la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, la oración en el huerto. Santiago fue también el primero de los apóstoles en derramar su sangre por Ti.
Gracias, Santiago, por tu continuo velar sobre nuestra fe. Gracias por tu ejemplo y coherencia. Gracias por haber dejado que el Evangelio modelara tu carácter. Gracias por avivar en nosotros el deseo de bondad, de belleza, de paz.
Señor, nos pides beber contigo la copa del servicio sacrificado. Llénanos de ese amor, el único que nos puede hacer comprender que ser grande consiste en servir a los demás y en usar nuestras vidas para darles a nuestros hermanos motivos de fe y esperanza. Que no esperemos otra recompensa sino compartir tu destino. Que este tesoro de tu amor lo llevemos en vasijas de barro para que se vea tu acción y no la nuestra. Amén.
Feliz y apostólico sábado y feliz fin de semana.
Palabra del Papa
Existe el riesgo de no entender la verdadera misión del Señor: esto sucede cuando se aprovecha de Jesús, pensando en ‘el poder’. Esta actitud se repite en los evangelios. Muchos siguen a Jesús por interés. Incluso entre sus apóstoles: los hijos de Zebedeo querían ser, uno, primer ministro y el otro, ministro de economía, querían el poder. Esa gracia de llevar la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia, se vuelve oscura, se pierde y se convierte en querer algo del poder. Siempre existió esa tentación del poder y de la hipocresía, de pasar del estupor religioso que Jesús nos da cuando nos encuentra, a querer sacar una ventaja personal. (Cf. papa Francisco, 20 de abril de 2015, Santa Marta).
