Pasar al contenido principal

25-jul.-sábado de la 16.ª semana del T. O.

Siempre existió esa tentación del poder y de la hipocresía, de pasar del estupor religioso que Jesús nos da cuando nos encuentra, a querer sacar una ventaja persona

Bendecido día el que nos regalas, Señor, para proclamar tus maravillas y hacer que nuestra vida se llene de alegría y felicidad, de entrega y disponibilidad, porque nos regalas el ejemplo de Santiago, uno de los apóstoles, hermano de Juan, elegido para ser testigo de: la curación de la suegra de Pedro, la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, la oración en el huerto. Santiago fue también el primero de los apóstoles en derramar su sangre por Ti. 

Gracias, Santiago, por tu continuo velar sobre nuestra fe. Gracias por tu ejemplo y coherencia. Gracias por haber dejado que el Evangelio modelara tu carácter. Gracias por avivar en nosotros el deseo de bondad, de belleza, de paz. 

Señor, nos pides beber contigo la copa del servicio sacrificado. Llénanos de ese amor, el único que nos puede hacer comprender que ser grande consiste en servir a los demás y en usar nuestras vidas para darles a nuestros hermanos motivos de fe y esperanza. Que no esperemos otra recompensa sino compartir tu destino. Que este tesoro de tu amor lo llevemos en vasijas de barro para que se vea tu acción y no la nuestra. Amén. 

Feliz y apostólico sábado y feliz fin de semana. 

Palabra del Papa

Existe el riesgo de no entender la verdadera misión del Señor: esto sucede cuando se aprovecha de Jesús, pensando en ‘el poder’. Esta actitud se repite en los evangelios. Muchos siguen a Jesús por interés. Incluso entre sus apóstoles: los hijos de Zebedeo querían ser, uno, primer ministro y el otro, ministro de economía, querían el poder. Esa gracia de llevar la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia, se vuelve oscura, se pierde y se convierte en querer algo del poder. Siempre existió esa tentación del poder y de la hipocresía, de pasar del estupor religioso que Jesús nos da cuando nos encuentra, a querer sacar una ventaja personal. (Cf. papa Francisco, 20 de abril de 2015, Santa Marta).

Esa gracia de llevar la buena noticia a los pobres [...] se pierde y se convierte en querer algo del poder
ORACIÓN 

Señor, hoy vengo a la oración, como todos los días, y escucho de tus labios unas palabras difíciles de entender: «No sabéis lo que pedís». ¿Es posible que haciendo oración todos los días, me digas que no sé lo que pido? Con humildad, debo confesar que es así. Ni la madre de los Zebedeos ni sus hijos ni los demás apóstoles sabían lo que pedían; yo tampoco. Reconozco que soy egoísta en mi oración. Dime Tú qué tengo que pedir. Haz que yo esté dispuesto a beber la copa que Tú ya has bebido. Amén.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-25-de-julio-de-2026 

Jesús nos dijo: «No será así entre vosotros». Pero en la historia constatamos que: “Ha sido y sigue siendo así entre nosotros”. Creo que seguimos con la misma dinámica de los dos hermanos. Y para confirmar lo que digo no necesito ir a Roma. El escándalo lo llevo dentro de mi propio corazón. Me gusta ser importante, me gusta que me sirvan, me gustan los primeros puestos, me gusta todo lo que se opone al proyecto de Jesús. Estamos aquí para servir, para lavar los pies, para dar de comer al hambriento, para hacer la vida más agradable a la gente que lo pasa mal, aunque esto suponga que debamos sacrificarnos. Que quede claro que Santiago no mató ni a moros ni a nadie. Santiago se dejó matar por dar testimonio del Evangelio de Jesús. Ese Santiago que pedía los primeros puestos, fue trabajado por Jesús y fue capaz de «beber la copa del dolor» para parecerse más a él. Ojalá que en [el mundo] actual desaparezcan los “Santiagos-mata-moros”, los intolerantes, los que quieren imponer el evangelio por la fuerza de la espada. Y aparezca el verdadero Apóstol, el que quiere convencer con la fuerza de la verdad, la humildad y la bondad. El que rubrica con su propia sangre la verdad que predica.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.