Al despertar en un nuevo día y motivándonos, porque es día de descanso, dedicado a ti y a la familia, lo recibimos en alegría, fe y esperanza, lleno de amor y buenos sentimientos, ya que tenemos motivos para agradecerte el don de la vida.
En este domingo también recordamos y celebramos a Joaquin y Ana, padres de María. Elevamos nuestro canto de acción de gracias y alabanza, porque, en verdad, somos dichosos, porque contemplamos las maravillas que Dios Padre hace por cada uno de nosotros. por lo que hemos visto y oído, por lo que vemos y oímos cada día.
La alegría del Evangelio, la alegría del amor deberá traducirse en una forma de vida que sea de acción de gracias y servicio. El amor de Joaquin y Ana, debe inspirarnos nuestra acción de gracias. Hoy también nos invita tu palabra a descubrir el tesoro escondido en el campo de nuestros corazones y que es el amor de nuestros abuelitos, ya que en ellos encontramos sabiduría, discernimiento y buenos consejos que nos van guiando a través de nuestras vidas. El cariño y el amor de nuestros abuelos nos hace comprender que en ellos abrimos el corazón y vamos llevando este tesoro como lo más especial, porque en ellos encontramos seguridad y confianza para saber que siempre estarán orando por cada uno de sus hijos o nietos. Gracias, Padre celestial, por nuestros abuelitos y te pedimos que los conserves con salud y bienestar. Bendícelos guárdalos y protégelos. Amén.
Un muy feliz domingo de descanso y que ojalá nuestro corazón agradecido se vuelque en abrazos y besos para nuestros Alca abuelos.
Estas dos parábolas: “el tesoro” es decir, lo más valioso, y “la perla” es decir, lo más precioso son la clave para entender todo el evangelio. Se habla de “vender todo”; pero no como condición para adquirir el tesoro, sino como consecuencia después de haberlo encontrado. La parábola al revés no funciona. El vender todo lo que tienes, no es garantía ninguna de encontrar el tesoro. Hay que dejar nuestro corazón abierto para llenarnos del “gran tesoro” que es JESÚS. Lo demás vendrá solo.
PALABRAS DE LOS PAPAS
Frente al descubrimiento inesperado, tanto el campesino como el mercader se dan cuenta de que tienen delante una ocasión única que no pueden dejar escapar, por lo tanto, venden todo lo que poseen. La valoración del valor inestimable del tesoro lleva a una decisión que implica también sacrificio, desapegos y renuncias. Cuando el tesoro y la perla son descubiertos, es decir, cuando hemos encontrado al Señor, es necesario no dejar estéril este descubrimiento, sino sacrificar por ello cualquier otra cosa. No se trata de despreciar el resto, sino de subordinarlo a Jesús, poniéndole a Él en el primer lugar. La gracia en el primer lugar. El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial; es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que solo el Señor puede donar. Es la alegría evangélica de los enfermos sanados; de los pecadores perdonados; del ladrón al que se le abre la puerta al paraíso. (…) Hoy somos exhortados a contemplar la alegría del campesino y del mercader de las parábolas. Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia consoladora de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma el corazón y nos abre a la necesidad y a la acogida de los hermanos, especialmente de aquellos más débiles. (papa Francisco - Ángelus, 30 de julio de 2017)
