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28-jul.- martes de la 17.ª semana del T. O.

El Maligno, en efecto, no quiere que la semilla del Evangelio germine en el corazón de los hombres. Esta es la primera comparación

Amanecer, radiante y lleno de claridad el que encontramos al despertar en esta mañana. Te damos gracias por tu generosidad y misericordia, por tu bondad y tu amor, porque todo lo que podremos realizar contará con tu bendición. Ahora nos ponemos en tus manos y te pedimos que todo lo que iniciaremos cuente con tu auxilio y la protección de Nuestra Madre celestial.

En este nuevo día, aceptaremos tu invitación para seguirte como discípulos tuyos y ofrecer todo lo que haremos en honor de tu Santo Nombre. Danos la fuerza de tu Espíritu para no buscarnos a nosotros mismos y para aceptar nuestra misión en la vida con todas sus consecuencias, porque estamos seguros, que Tú nos llevarás por caminos de bien. No permitas, Señor, que lo sembrado en nuestros corazones sea contaminado por la cizaña del egoísmo, la mentira, el pesimismo y el individualismo y por el contrario la buena semilla la reguemos y abonemos con buenas obras de generosidad, de comprensión, de ternura y de servicio. Que Nuestra Madre sea nuestro auxilio y protección ahora y siempre. Amén 

Muy feliz martes pleno de alegría y buenas acciones. 

Palabra del Papa

Jesús no se limitó a presentar la parábola, también la explicó a sus discípulos. La semilla que cayó en el camino indica a quienes escuchan el anuncio del reino de Dios, pero no lo acogen; así llega el Maligno y se lo lleva. El Maligno, en efecto, no quiere que la semilla del Evangelio germine en el corazón de los hombres. Esta es la primera comparación.

La cizaña será quemada en el día de la siega. Este día final se le suele pintar con tintes tremendistas y catastróficos, infundiendo miedos y terrores. Para quien se ha esforzado en seguir la voluntad de Dios, aun a pesar de nuestras muchas deficiencias, debilidades y errores, no puede menos que esperar la misericordia y consideración por parte de Dios. No nos preparamos para un día de temor, sino para un día de esperanza y retribución. Si pensamos más frecuente en este día de la cosecha, sabremos vivir rectamente, incluso en las derrotas si van acompañadas de una sincera lucha y un sincero arrepentimiento. Así brillaremos también en este mundo con el fulgor de los hijos de Dios. (Papa Francisco).

 

No nos preparamos para un día de temor, sino para un día de esperanza y retribución
ORACIÓN 

Señor, en la oración de hoy sobre “el trigo y la cizaña” quiero que me hagas comprender que las dos hierbas crecen en el mismo campo y este campo es mi propio corazón. Te confieso, Señor, que yo “no soy trigo limpio” que dentro de mí también hay cizaña y que, por tanto, yo no soy quién para juzgar a los demás. Te dejo a ti el juicio, Señor.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-28-de-julio-de-2026

En esta parábola quedan muy bien definidos los autores del bien y del mal. “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre”. ¿Y el sembrador de la mala semilla? “El enemigo que la siembra es el Diablo”. Que queden las cosas claras desde el principio: no hay dos campos distintos: uno para el trigo y otro para la cizaña. El trigo y la cizaña crecen juntos en el campo de mi propio corazón. ¿Quién es capaz de decir que él es trigo puro sin mezcla de cizaña? Sólo aquel fariseo engreído que se puso de pie en el templo a dirigirle a Dios la oración más estúpida de toda la biblia: “gracias, Señor, porque yo no soy como los demás”. ¿Habrá cosa más bella en este mundo que considerarse igual que los demás? Sin complejos de superioridad, porque “nadie es más que nadie”, pero también sin complejos de “inferioridad”, porque nadie es menos que nadie. Debemos aceptarnos todos como “hermanos”; con nuestro trigo y nuestra cizaña a cuestas, pero hermanos; con nuestra enorme capacidad de bien y también de mal, pero hermanos; con nuestro realismo, pero también con nuestras utopías, pero hermanos. Ningún instrumento de mal, por refinado que sea, podrá matar nuestros sueños. El autor del mal está ahí, es el Maligno. El autor del bien también está ahí, es Jesucristo. Y por mucha fuerza que tenga el Maligno para el mal, tiene mucha más Jesús para el bien. “Donde abundó el delito, sobreabundó la gracia” (Ro. 5,20).

Dice el Papa Francisco Él mira el ‘campo’ de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero ve también los brotes de bien y espera con confianza que maduren. Dios es paciente, sabe esperar. Qué hermoso es esto: nuestro Dios es un padre paciente, que nos espera siempre y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, para perdonarnos. Él nos perdona siempre si vamos a Él” (20-Julio-2014).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.