La oscuridad va dando paso a la claridad del nuevo día que nos regalas. Gracias, Señor, porque ahora nos dispondremos a iniciar una nueva jornada, contando siempre con tu bendición, tu protección y ante todo tu compañía. Tendremos la seguridad que este día será de optimismo y de esperanzas nuevas, porque tú siempre nos ayudas y nos muestras el sendero que hemos de recorrer, las palabras que podemos emplear y el bien que podemos hacer a los demás.
En este día recordamos cariñosamente a Marta, María y Lázaro. En estos tres hermanos encontramos la hospitalidad de santa Marta, considerada también como patrona de los imposibles; la escucha atenta María, patrona de quienes viven dedicados a la contemplación o a la oración; y la amistad de Lázaro de Betania, patrono de los moribundos y necesitados. Reflexionando en tu palabra encontramos un escenario de dolor humano, donde la muerte de Lázaro ha congregado a muchos judíos para consolar a las hermanas de Betania.
Esta escena nos conmueve al sentir la profesión de fe de Marta y el proceso de cambio en María. Permítenos asumir con la misma fidelidad nuestra propia confesión de fe en tu amor y abrirnos a tu acción misericordiosa. Permítenos y las palabras de Martha nos ayude a pensar. Esta profesión de fe: «Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Amén.
Feliz miércoles lleno de fe y hospitalidad.
Palabra del Papa
¿Qué quiere decir Jesús? ¿Cuál es esa cosa sola que necesitamos? Ante todo, es importante comprender que no se trata de la contraposición entre dos actitudes: la escucha de la Palabra del Señor —la contemplación— y el servicio concreto al prójimo. No son dos actitudes contrapuestas, sino, al contrario, son dos aspectos, ambos esenciales para nuestra vida cristiana; aspectos que nunca se han de separar, sino vivir en profunda unidad y armonía. Pero entonces, ¿por qué Marta recibe la reprensión, si bien hecha con dulzura? Porque consideró esencial sólo lo que estaba haciendo, es decir, estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que “hacer”. En un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca están separadas de la fuente principal de cada acción nuestra: es decir, la escucha de la Palabra del Señor, el estar —como María— a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo. Y por esto es por lo que se reprende a Marta. (S.S. Francisco, 21 de julio 2013)
