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3-dic.-2024, martes de la 1.ª semana de Adviento

Hoy es un día muy especial e importante para mí:  Gracias, Señor, por todo lo que me has regalado durante estos 36 años de vida sacerdotal

Alegre despertar en esta mañana para darte gracias por un maravilloso día que esperamos sea lleno de tu presencia, tu amor y misericordia. Hoy también nosotros, inspirados por el Espíritu Santo, te damos gracias, Señor, por darnos un corazón sencillo y humilde en el que podemos escuchar tu palabra y qué hemos de hacer. Gracias porque en la humildad a ejemplo de María, nuestra Madre, cumplimos la voluntad del Padre de amarnos de corazón como Tú mismo nos amas. Por la sencillez que nos ayuda a comprender que hemos de ser generosos y compartir nuestras vidas con los que nos rodean. Ayúdanos a saber comprender que por medio de los dones del Espíritu de los que nos habla hoy Isaías podremos hacer nuestro diario vivir en alegría y felicidad, en generosidad, en fraternidad y solidaridad. Danos ojos y oídos en el corazón para poder ver tu rostro en nuestros hermanos y oír tu voz que nos está llamando a ser perfectos como lo es el Padre celestial. Bendícenos, guárdanos y protégenos abundantemente. Amén.

Hoy es un día muy especial e importante para mí:  Gracias, Señor, por todo lo que me has regalado durante estos 36 años de vida sacerdotal, haciendo camino por las parroquias de San Agustín, de San Isidro, de San Juan Bautista de la Salle, de Cristo Resucitado y actualmente de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. En cada una de las comunidades he encontrado verdadera amistad y personas valiosas que me han ayudado a crecer en mi vida sacerdotal. Sería incansable la lista de personas que me han brindado ese cariño de su corazón, con las que hemos reído, con las que hemos llorado, que han compartido mis momentos de alegría, pero también mis momentos de tristeza a nivel de la familia. Te doy gracias, Señor, por mi familia por mis hermanos y sobrinos, sobrinas, mis cuñados y cuñadas que han sido verdaderos ángeles guardianes en las diferentes situaciones de salud y de momentos de dificultad. Hoy te pido, Señor, me mantengas en fidelidad a mi sacerdocio y ante todo seguir sirviendo según tu voluntad, con mucha humildad y sencillez. A mi Madre Santísima a la que he consagrado mi sacerdocio siga siendo mi protección y auxilio. Permíteme seguir saciando el hambre de soledad, de tristeza, de incertidumbre en nuestros hermanos y que, en humildes y sencillas palabras de fe, optimismo y esperanza, siga siendo pastor a ejemplo tuyo.

Tres advocaciones especiales: La Virgencita de Monguí, La Lupita y Nuestra Señora de Lourdes. 

Gracias a todos ustedes mis amigos y el Señor me siga permitiendo que la reflexión diaria pueda llegar a ustedes. Abrazos y bendiciones. 

Los abrazo y los bendigo hoy y siempre. Gracias por estar conmigo.

Bendecido y alegre martes.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.