Por tu bondad y misericordia, te damos gracias, Señor. Por hacernos a tu imagen y guiar nuestro camino, nuestro corazón experimenta la grandeza de tu amor.
En el libro de Jeremías el profeta hace una hermosa comparación del alfarero. Como el Alfarero que comienza a moldear la vasija, así estamos en tus manos. Así es el Padre con nosotros. Sus manos son buenas manos, puede y quiere hacer una buena vasija. Lo lógico es que la vasija, se fíe de Él y se deje hacer, sea fiel al compromiso de la alianza de amor que hemos hecho con él.
Nosotros, los seducidos y emocionados queremos ser la arcilla que el Padre quiere moldear, limpiándonos de toda imperfección de egoísmo, mentira y pereza. Queremos poner nuestra vida, nuestros días, nuestros afanes, nuestros desvelos, nuestras luchas, nuestro ser, en manos del mejor Alfarero que es Dios, nuestro Padre.
Ayúdanos, Señor, a ser barro noble y humilde que se deje moldear por la voluntad del Padre y permite que seamos vasijas no sólo para adornar, sino para servir a nuestros hermanos y que ellos se sirvan de las vasijas de nuestros corazones.
Hoy queremos ser los buenos peces que son recogidos en la red de esperanza en el inmenso mar de la misericordia y ser acogidos en tu presencia. Bendícenos abundantemente y danos tu misericordia. Amén.
Feliz jueves, lleno de cosas hermosas, pero ante todo de la presencia de Dios.
PALABRA DEL PAPA
En el Evangelio, Jesús habla del discernimiento con imágenes tomadas de la vida ordinaria; por ejemplo, describe al pescador que selecciona los peces buenos y descarta los malos; (…) Es necesario inteligencia, habilidad y también voluntad para hacer una buena elección. Y también hay un coste necesario para que el discernimiento sea operativo. Para desempeñar su oficio lo mejor posible, el pescador tiene en cuenta la fatiga, las largas noches en el mar y el descarte de una parte de las capturas, aceptando una pérdida de ganancias por el bien de los destinatarios. (…) Cada uno debe tomar sus decisiones; no hay nadie que las tome por nosotros. En un momento determinado los adultos, libres, pueden pedir consejo, pensar, pero la decisión es propia; no se puede decir: “He perdido esto, porque lo ha decidido mi marido, mi mujer, mi hermano”: ¡no! Tienes que decidir tú, todo el mundo tiene que decidir, (…) En el Juicio Final, Dios obrará el discernimiento —el gran discernimiento—hacia nosotros. (…) Y en una decisión buena, correcta, se encuentra la voluntad de Dios con nuestra voluntad; (…) El discernimiento es agotador pero indispensable para vivir. Requiere que me conozca a mí mismo, que sepa lo que es bueno para mí aquí y ahora. Sobre todo, requiere una relación filial con Dios. Dios es Padre y no nos deja solos, siempre está dispuesto a aconsejarnos, a animarnos, a acogernos. Pero nunca impone su voluntad. ¿Por qué? Porque quiere ser amado y no temido. Y Dios también quiere que seamos hijos y no esclavos: hijos libres. Y el amor sólo puede vivirse en libertad. (…) ¡Pidamos, que el Espíritu Santo nos guíe! Invoquémosle cada día, especialmente cuando tengamos que tomar decisiones (papa Francisco - Audiencia general, 31 de agosto de 2022).
