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30-jul.- jueves de la 17.ª semana del T. O.

Dios es Padre [...] siempre está dispuesto a aconsejarnos, a animarnos, a acogernos. Pero nunca impone su voluntad. ¿Por qué? Porque quiere ser amado y no temido.

Por tu bondad y misericordia, te damos gracias, Señor. Por hacernos a tu imagen y guiar nuestro camino, nuestro corazón experimenta la grandeza de tu amor. 

En el libro de Jeremías el profeta hace una hermosa comparación del alfarero.  Como el Alfarero que comienza a moldear la vasija, así estamos en tus manos. Así es el Padre con nosotros. Sus manos son buenas manos, puede y quiere hacer una buena vasija. Lo lógico es que la vasija, se fíe de Él y se deje hacer, sea fiel al compromiso de la alianza de amor que hemos hecho con él. 

Nosotros, los seducidos y emocionados queremos ser la arcilla que el Padre quiere moldear, limpiándonos de toda imperfección de egoísmo, mentira y pereza.  Queremos poner nuestra vida, nuestros días, nuestros afanes, nuestros desvelos, nuestras luchas, nuestro ser, en manos del mejor Alfarero que es Dios, nuestro Padre. 

Ayúdanos, Señor, a ser barro noble y humilde que se deje moldear por la voluntad del Padre y permite que seamos vasijas no sólo para adornar, sino para servir a nuestros hermanos y que ellos se sirvan de las vasijas de nuestros corazones. 

Hoy queremos ser los buenos peces que son recogidos en la red de esperanza en el inmenso mar de la misericordia y ser acogidos en tu presencia. Bendícenos abundantemente y danos tu misericordia. Amén.

Feliz jueves, lleno de cosas hermosas, pero ante todo de la presencia de Dios. 

PALABRA DEL PAPA

En el Evangelio, Jesús habla del discernimiento con imágenes tomadas de la vida ordinaria; por ejemplo, describe al pescador que selecciona los peces buenos y descarta los malos; (…) Es necesario inteligencia, habilidad y también voluntad para hacer una buena elección. Y también hay un coste necesario para que el discernimiento sea operativo. Para desempeñar su oficio lo mejor posible, el pescador tiene en cuenta la fatiga, las largas noches en el mar y el descarte de una parte de las capturas, aceptando una pérdida de ganancias por el bien de los destinatarios. (…) Cada uno debe tomar sus decisiones; no hay nadie que las tome por nosotros. En un momento determinado los adultos, libres, pueden pedir consejo, pensar, pero la decisión es propia; no se puede decir: “He perdido esto, porque lo ha decidido mi marido, mi mujer, mi hermano”: ¡no! Tienes que decidir tú, todo el mundo tiene que decidir, (…) En el Juicio Final, Dios obrará el discernimiento —el gran discernimiento—hacia nosotros.  (…) Y en una decisión buena, correcta, se encuentra la voluntad de Dios con nuestra voluntad; (…) El discernimiento es agotador pero indispensable para vivir. Requiere que me conozca a mí mismo, que sepa lo que es bueno para mí aquí y ahora. Sobre todo, requiere una relación filial con Dios. Dios es Padre y no nos deja solos, siempre está dispuesto a aconsejarnos, a animarnos, a acogernos. Pero nunca impone su voluntad. ¿Por qué? Porque quiere ser amado y no temido. Y Dios también quiere que seamos hijos y no esclavos: hijos libres. Y el amor sólo puede vivirse en libertad.  (…) ¡Pidamos, que el Espíritu Santo nos guíe! Invoquémosle cada día, especialmente cuando tengamos que tomar decisiones  (papa Francisco - Audiencia general, 31 de agosto de 2022).

en una decisión buena, correcta, se encuentra la voluntad de Dios con nuestra voluntad
ORACIÓN 

Señor, te pido que me ayudes a comprender este evangelio que me parece un poco difícil. Haz que tenga siempre presente la imagen de ese Padre Bueno que no se cansa de esperar, que sale al encuentro del hijo y, una vez que le ve de lejos, se lanza hacia él para abrazarle. A partir de ese texto quiero interpretar los pasajes más oscuros. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectyio-divina-30-de-julio-de-2026

La explicación a esta parábola de la red, la hice en el comentario del Domingo XVII del tiempo ordinario. (A)). Para no repetir, quiero poner aquí un comentario sugerente a este texto, de la “Lectio Divina” de los padres carmelitas. Dice así: En una ronda de amigos alguien mostró una foto, donde se veía a un hombre de rostro severo, con el dedo levantado, casi agrediendo al público. Todos quedaron con la idea de que se trataba de una persona inflexible, exigente, que no permitía intimidad. En ese momento, llega un joven, ve la foto y exclama: “¡Es mi padre!” Los demás miraron hacia él, y mirando la foto, comentan: ¡Vaya padre severo! Y el chico joven contesta: “¡No, en absoluto! Es muy cariñoso. Mi padre es abogado. Aquella foto fue sacada en el tribunal, en el momento en que denunciaba el crimen de un latifundista que quería desalojar a una familia pobre que moraba en un terreno baldío del ayuntamiento, desde hacía muchos años. ¡Mi padre ganó la causa! Los pobres pudieron quedarse allí donde estaban”. Todos le miraron de nuevo y dijeron: “¡Qué persona más simpática!” Como por un milagro, la fotografía se iluminó por dentro y tomó otro aspecto. Aquel rostro, tan severo adquirió rasgos de una ternura entrañable. Las palabras del hijo cambiaron todo, sin cambiar nada. Las palabras y los gestos de Jesús, nacidas de su experiencia de hijo, sin mudar una letra o una coma, (Mt 5,17-18) iluminaron el sentido del Antiguo Testamento desde dentro e iluminaron por dentro toda la sabiduría acumulada del doctor de la Ley. Dios mismo, que parecía tan distinto y severo, adquirió los rasgos de un Padre bondadoso de gran ternura.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.