El despertador suena y nos anuncia que es hora de despertar y levantarnos dándote gracias por una noche tranquila de sueño reparador y por el nuevo día.
Ahora es el momento de abrir nuestro corazón y encontrar tu palabra que nos ayudará a comprender cuál es tu santa voluntad y cumplimiento de tu plan de salvación, encontrándote a ti especialmente en la oración. Asimismo, de acudir a ti con una fe como la de aquella mujer que lo tenía todo en su contra. Primero, Tú no le haces ningún caso; en segundo lugar, tampoco atiendes la sugerencia de tus discípulos, a los que no das una explicación convincente. Cuando ella se cruza en tu camino y te corta el paso, le respondes con un argumento amoroso, aunque a veces no lo parezca. Aquella mujer no se rinde y te da una respuesta de fe. Tú te sorprendes y te sientes desarmado ante la fe de esta cananea que cree e insiste, a pesar de los desaires recibidos.
Esa fe nos lleva a preguntarnos: ¿Nos rendimos ante la primera dificultad?, ¿Nos retiramos al primer tropiezo en nuestro camino personal, en nuestras labores, en nuestras relaciones con los “otros”, con nuestros hermanos, en nuestra oración? Gracias, Señor, cuando podemos escuchar las palabras que diste a la Cananea: «qué grande es tu fe, que se cumpla como has dicho». Danos la gracia de perseverar y no sucumbir, de levantarnos y no quedarnos caídos, de tener fe y no desesperar. A ti recurrimos, en Ti confiamos y a tu amor nos acogemos. QUE NUESTRA ORACIÓN SEA HUMILDE, CONFIADA Y PERSEVERANTE. Amén.
Un miércoles orante, perseverante, confiado y bendecido.
Palabra del Papa
Miremos entonces a la fe de la mujer, que el Señor alaba, diciendo que es «grande» (v. 28). A los discípulos les parece grande solo su insistencia, pero Jesús alaba diciendo que es grande, Jesús ve la fe; los discípulos ven la insistencia solamente. Si pensamos en ello, aquella mujer extranjera probablemente conocía poco, o nada, las leyes y los preceptos religiosos de Israel. ¿En qué consiste entonces su fe? La mujer no es rica de conceptos, sino que es rica de hechos: la cananea se acerca, se postra, insiste, mantiene un diálogo estrecho con Jesús, supera todos los obstáculos con tal de hablar con Él. Supera todos los obstáculos para hablarle. He aquí la concreción de la fe, que no es una etiqueta religiosa —la fe no es una etiqueta religiosa—, sino una relación personal con el Señor. ¿Cuántas veces se cae en la tentación de confundir la fe con una etiqueta? La fe de la mujer no está hecha de protocolo teológico, sino de insistencia: llama a la puerta, llama, llama; no está hecha de palabras, sino de oración. Y Dios no resiste cuando se le reza. Porque dijo: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá» (Francisco - Ángelus, 20 de agosto de 2023)
