Hemos salido de la noche y estrenamos la aurora como dice un canto. Es momento al levantarnos y contemplar un nuevo amanecer, darte gracias por el don de la vida del amor y del servicio que iniciaremos en esta jornada que nos regalas; nos colocamos en tus manos y pedimos el don de la gracia, de la sabiduría y de la inteligencia para poder realizar las labores que Tú nos encomiendas. Gracias, Señor, por este nuevo caminar que nos señalas a cada uno de nosotros, por el don del servicio que haremos a nuestros hermanos. Vamos retomando nuestras labores en el inicio de este año y lo que podremos realizar, haciéndolo con mucho optimismo y llenos de esperanzas y nuestra fe en tu gran ayuda y presencia en nuestros corazones.
Ayúdanos a sembrar la buena semilla de las ilusiones y de nuestros anhelos para cosechar satisfacciones. Pero que todo lo hagamos de acuerdo con que Tú tomaste la iniciativa de amarnos antes de que nosotros pudiéramos amarte a ti, ayúdanos a reconocer este amor para que humildemente al presentarte nuestras obras y acciones de nuestro corazón, todo lo multipliques como multiplicaste los panes y los peces. Que todo lo realizado sea ocasión de fraternidad y solidaridad y tengamos de sobra para compartir. Seamos generosos de ofrecerte no solo los cinco panes y los dos peces, sino lo mucho que llevamos en el corazón. Bendice y multiplica nuestra generosidad y servicio y guárdanos en tu amor. Amén
Palabra del Papa
El prodigio de los panes preanuncia la Eucaristía. Se ve en el gesto de Jesús que «recitó la bendición» antes de partir los panes y darlos a la multitud. Es el mismo gesto que Jesús hará en la Última Cena, cuando instituyó el memorial perpetuo de su Sacrificio redentor. En la Eucaristía Jesús no da un pan, sino el pan de la vida eterna; se dona a Sí mismo, ofreciéndose al Padre por amor a nosotros. Pero nosotros, debemos ir a la eucaristía con esos sentimientos de Jesús que se compadece. Y con ese deseo de Jesús, compartir. Quien va a la eucaristía sin tener compasión de los necesitados y sin compartir, no se encuentra bien con Jesús. Compasión, compartir, Eucaristía. Este es el camino que Jesús nos indica en este Evangelio. Un camino que nos lleva a afrontar con fraternidad las necesidades de este mundo, pero que nos conduce más allá de este mundo, porque sale de Dios y vuelve a Él. La Virgen María, Madre de la divina Providencia, nos acompañe en este camino.» (Ángelus de S.S. Francisco, 3 de agosto de 2014).
ORACIÓN
Dios de misericordia y padre de toda provisión, te damos gracias por la inmensa compasión que Jesús demostró al ver a la multitud hambrienta.
Señor, te pedimos que hoy mires con compasión nuestras necesidades, tanto las visibles como las ocultas. Ayúdanos a no dejarnos abrumar por la escasez o la dificultad, sino a confiar en tu poder para proveer.
Te ofrecemos, Señor, nuestros talentos, nuestro tiempo y nuestros recursos, por humildes que parezcan, para que los multipliques y los uses para el bien de quienes nos rodean. Que tu abundancia se manifieste en nuestras vidas y en nuestras comunidades.
Enséñanos a confiar plenamente en que Tú tienes el poder de saciarnos, no solo el cuerpo, sino también el alma. Que tu amor nos alimente cada día. Amén.
Reflexión del Evangelio por Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo
Este pasaje del Evangelio comienza con un gran detalle de Jesús. Dice que, al ver a la multitud, sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas sin pastor. Me impresiona que Jesús, aun estando cansado y buscando un momento de descanso con sus apóstoles, no ve a la gente como una interrupción, sino como una necesidad que debe ser atendida.
Lo primero que hace no es darles de comer, sino que se pone a enseñarles. Esto nos hace recordar que nuestra primera necesidad es siempre la necesidad espiritual. El Señor sabe que antes de llenar el estómago, necesitamos que su Palabra llene nuestro corazón y nos dé dirección.
Veamos ahora cuál es nuestra realidad frente a los problemas de los demás. Los discípulos, al ver que se hacía tarde, le sugieren a Jesús que despida a la gente para que vayan a comprar comida. Era la salida más fácil: que cada quien resuelva su problema, pero Jesús los desafía con una frase que los sacude: ‘denles ustedes de comer’.
A veces nos pasa lo mismo. Vemos la necesidad de un vecino, de un familiar o de alguien en la calle y pensamos que alguien más se hará cargo, que a nosotros no nos toca. Jesús nos invita a no dar la espalda, a involucrarnos y a entender que nuestra fe también se traduce en ser generosos con los demás.
El milagro ocurre cuando los discípulos revisan lo que tienen: cinco panes y dos peces; ¿y qué es esto para tanta gente? Sin embargo, Jesús toma ese poco, da gracias y el milagro sucede: todos comieron hasta quedar satisfechos y hasta sobró. ¡Qué gran lección!
A veces dejamos de ayudar porque pensamos que lo que tenemos es muy poco: poco dinero, poco tiempo o poco talento. Pero la clave no es la cantidad, sino en manos de quién lo ponemos. Si ponemos nuestro poco en las manos de Dios, Él lo bendice y lo multiplica de formas que no podemos ni imaginar.
